Mostrando entradas con la etiqueta Pastoral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pastoral. Mostrar todas las entradas
8) Sermón molusco: Es invertebrado, blandengue, gelatina escurridiza, sin argumento, sin contenido, sin tema. No termina un tema cuando comienza otro.
9) Sermón ladrillo: Son sólo ideas sin relación con la vida de los oyentes. El sermón tiene que llegar, por así decir, a la cocina de esa mujer de casa, al puesto de trabajo de ese buen padre de familia, a los pupitres de ese estudiante…Este sermón-ladrillo no llega. 
10) Sermón espaguetti: Es el que se enrolla y se enrolla sobre el mismo asunto, aburriendo a los oyentes y haciéndoles bostezar. 
11) Sermón cursillo: Es el que trata muchos temas sin concretar ninguno. 
12) Sermón repetición: No sabe sacar un mensaje del texto bíblico para sus oyentes, y lo único que hace es repetir lo que se leyó. ¿Será posible que el predicador sea incapaz de zurcir un sermón jugoso con una sola idea bien expresada? ¡El oyente no es tonto, por favor!

 
13) Sermón técnico: Es el que usa todo el tiempo lenguaje teológico que la gente no entiende (metanoia, kénosis, anáfora, parusía, epifánico, histérico, pneumático, mistagogo, escatología, transubstanciación,…). El sermón no es una clase de teología, sino una conversación cordial con sus oyentes que posiblemente no entienden nada de eso que el predicador dice. 
14) Sermón callejero: El predicador salpica todo el tiempo con jerga vulgar y chocarrera. Así se rebaja la palabra de Dios, la dignidad del profeta y la dignidad de los fieles que Pablo llama “santos en el Señor”. El predicador no debe nunca rebajarse, pues está hablando en nombre de Cristo y de la Iglesia. 
15) Sermón de mal piloto: El predicador no sabe despegar ni aterrizar, y da vueltas y más vueltas y nunca termina. “Y ya para terminar”…y vuelve a subir a las nubes…”y ya para terminar”…y vuelve a subir. Termine y punto, por favor.


Domingo en la mañana, 5 de mayo, prediqué en Santa Ana y me pidieron que nunca más volviera. El domingo siguiente, 12 de mayo prediqué en San Judas. Tampoco podré regresar a esa iglesia. Domingo por la noche, 12 de mayo, prediqué en San Jorge, y de nuevo me echaron. Domingo en la mañana, 19 de mayo, prediqué en Santo Tomás. Los diáconos convocaron a una reunión especial y me dijeron que no podría regresar a su iglesia. Domingo por la noche, 19 de mayo, prediqué en una pradera, y tuve que salir corriendo porque soltaron a un toro durante el culto. Domingo, 2 de junio, prediqué en las afueras del pueblo, y me echaron del camino. Domingo por la noche, 2 de junio, culto vespertino, prediqué sobre el pasto. Diez mil personas acudieron a escuchar el evangelio.
Jhon Wesley
La búsqueda de la “tranquilidad” ha comenzado, ¡y de qué manera! Los norteamericanos consumen toneladas de tranquilizantes para lograr la paz del espíritu. No sólo recurren a las drogas, sino también a los libros que sirven de sedantes. Algunos de éstos se han convertido en “best-sellers” de la noche a la mañana, y han alcanzado una tirada de cientos de miles de ejemplares en una sola edición. Sus lectores son estimulados con urgencia a “lavarse el cerebro” y así comenzar el nuevo día diciendo: “¡Qué mañana tan estupenda hace! ¡qué esposa (o esposo) tan maravillosa tengo! ¡qué hijos tan encantadores! ¡qué desayuno tan saludable y delicioso me aguarda! ¡qué jefe tan simpático tengo en el trabajo! Pero tales “tranquilizantes de paz” (“peacefulizers”) pueden hacer más mal que bien. Contra ellos se alzan las siguientes objeciones:
Primera: Siempre que el consuelo prestado no se ajuste a la realidad, la paz mental que éste proporcione no tendrá efectos duraderos.
Segunda: Lo más difícil de quebrantar de todo es el pecado, y no hay estímulo mental o “pensamiento positivo” que pueda eliminarlo.
Tercera: La única paz que merece tal nombre es la paz con Dios y esta paz no puede ser autofabricada.
Cuarta: Esta confianza en los tranquilizantes, sean libros o píldoras, puede proceder de la falsa suposición de que el desasosiego espiritual o la lucha interior es un mal en sí mismo. 

Sin embargo, frecuentemente es muchísimo mejor el afrontar la realidad, que el tratar de escapar de ella. La evasión conduce a la apatía espiritual. El analizar y dar la cara a la realidad acerca de uno mismo es el único camino que nos puede llevar a “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”.

Hendriksen, W. (2006). Comentario al Nuevo Testamento: Filipenses (p. 9). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.
Las estadísticas actuales son apremiantes. La iglesia no está creciendo, sino reduciéndose. Podemos apuntar el dedo en cualquier dirección: la cultura secular, la política impía, los miembros hipócritas, o a los pastores a los que no les preocupa. Sin embargo, al final, cada miembro de la iglesia debe tomar la responsabilidad.
Soy miembro de la iglesia. Y apuesto a que usted también. Pero, ¿somos el tipo de miembro que cambiará estas tristes estadísticas? En alguna ocasión no he estado satisfecho con alguna iglesia. Y apuesto a que usted también. La insatisfacción es tan antigua como el jardín del Edén, y se inicia cuando hago que mis deseos y preferencias sean lo principal. Por supuesto, esta actitud se presenta en muchas formas. Decimos y pensamos cosas como: "No conecto con el mensaje", "La música es demasiado ___________", "Nadie me saluda", "nuestro pequeño grupo parece artificial", "hay demasiados hipócritas".

¿Suenan críticos estos ejemplos? Espero que no. Simplemente admito lo que he dicho en alguna ocasión. Por decirlo de manera simple, cada uno de nosotros o bien pensamos de forma bíblica en la membresía de la iglesia, o bien no lo hacemos. O bien servimos, o bien nos servimos a nosotros mismos. O bien somos miembros funcionales, o quejicas disfuncionales.

Soy miembro de la iglesia nos empuja a preguntarnos, "¿Qué tipo de miembro soy?" Durante esta evaluación, la Escritura da forma a la sabiduría de Rainer, a la vez que se fija la mirada del lector en Cristo, la cabeza de la iglesia. Y con cada compromiso, nos impulsa hacia el auto-examen, separando la diferencia entre una membresía de la iglesia insatisfecha y una funcional.
Extraído del libro: "Soy Miembro de la iglesia" por Thom Rainer.

"Los Abusadores del Pastor, cuando las 'ovejas' atacan a su Pastor"


Es una obra reveladora a fin de exponer uno de los mayores problemas en nuestras iglesias hoy en día, ¡El abuso y la persecución de los pastores en sus propias iglesia!. "Los Abusadores del Pastor" revela que el 50% de los pastores están tan desanimados que dejarían el ministerio inmediatamente si pudieran; el 80% de las esposas de pastores se sienten maltratadas emocionalmente en el ministerio que ellas desearían que sus maridos tuvieran una profesión diferente. 1600 ministros dejan el ministerio cada mes; 80% de los pastores dicen que el ministerio ha tenido un impacto negativo en sus hijos.

Gran parte de este problema es causado por tan sólo del 1% a 5% de la membresía de la iglesia, una manada pequeña de lobos con piel de oveja pero determinada a criticar, quejarse continuamente, calumniar, ignorar todo lo bueno y hacer todo lo posible para dominar, controlar o eliminar al pastor. Estas personas NO son ovejas, NO pueden ser pastoreadas (puesto que son lobos) y NO pueden ser ganados. Son capaces de justificar siempre todas sus acciones de odio, "por el bien de todos", incluso hasta el punto de obrar con malicia contra el pastor, su esposa e hijos, y aquellos que muestren lealtad a él.

Es necesario identificar estos lobos y saber cómo tratar adecuadamente con ellos para protección de su familia, el ministerio y la iglesia. Ese 1% a 5% no tendría la capacidad de operar si la "mayoría silenciosa" se pusiera de pie para apoyar y proteger a su pastor.